sábado, 10 de febrero de 2018

El Viejo negocio de los Castros en Angola

Foto tomada de Havanaluanda.

Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Hace algunos meses Angola rechazó el servicio de 189 colaboradores médicos cubanos, hecho insólito en los más de cincuenta años de buenas relaciones entre el país africano y el Sistema cubano. Las causas del rechazo aun no han sido bien explicadas, pero podrían estar relacionadas con el pago a los galenos. Las relaciones de Cuba con Angola tuvieron su momento más significativo en la década del setenta cuando el presidente Agustino Neto solicitó a la Isla caribeña ayuda para entrenar y capacitar a las tropas angolanas que se debatían en una contienda civil sumergida en el contexto de la Guerra fría. Fue en el año 1975 cuando Fidel Castro ordenó el inicio de la ‘Operación Carlota’, en la que se verían involucrados durante los 16 años siguientes hasta mayo de 1991, unos 377 mil soldados cubanos y ya desde entonces unos 42 510 colaboradores civiles.
El conflicto ajeno costó mucho al pueblo de Cuba, en especial por la pérdida de vidas jóvenes. El Servicio Militar de carácter obligatorio fue cantera fácil para la conflagración, muchos de los que participaron en la guerra de Angola eran reclutas, adolescentes que no pudieron dar voto a su destino, un número de ellos fue a un viaje sin retorno. Según las cifras oficiales el total de muertos se aproximó a los 2085, incluyendo a 204 civiles, de ellos médicos, paramédicos, maestros y otros. Entre las causas estaban las muertes en combate y las más frecuentes por accidentes, por deficiente entrenamiento, por enfermedades y por suicidios. Las causas de las muertes y el momento de notificar a los familiares de las víctimas en la Isla eran manejados por el régimen castrista.
La Plataforma digital Cuba Archivo (www.cubaarchive.org) posee en sus registros algunos casos en los que nunca se le comunicó a los parientes de los muertos el motivo del deceso, o se tergiversó el verdadero; como el del joven de veinticuatro años Julio Guerra, quien se graduó de la escuela de vuelos en Krasnador, antigua Unión Soviética y que fuera enviado a la guerra en Angola para volar aviones MI6-23BN, para los que tenía poco entrenamiento; desapareció en la selva en 1987, según el testimonio de un pariente, su familia nunca recibió explicaciones acerca de lo sucedido al joven combatiente; o el caso de Raúl Quiala Castañeda, igualmente registrado en la Base de datos del mencionado portal, quien aún no había aprendido a realizar vuelos nocturnos, pero recibió la orden de su superior de salir de noche desde el aeródromo de Luena para bombardear en cualquier parte de la vecindad de Luanda donde viera algún fuego encendido que indicara la presencia de campamentos de la UNITA, el joven soldado se estrelló y murió, a los familiares se les notificó que había muerto heroicamente en combate.
Pero, en todos estos años de ‘discurso internacionalista’, de ‘cooperación’ y de ‘ayuda desinteresada’ del castrismo hay también mucho dinero que contar, una buena parte ha engrosado las arcas del regimen, que lo emplea en cantidades significativas para el sostenimiento de sus cuerpos represivos, sobre todo para la represión a los grupos opositores dentro de la Isla, en múltiples acciones de contrainteligencia dentro y fuera del país y en el fortalecimiento de su propaganda ideológica. Por otro lado detrás del telón de aparente humanidad está el saldo humano, la pérdida de las vidas de miles de cubanos y la privación a la Isla de un cuantioso número de sus profesionales en diversos renglones como el de la salud. La colaboración médica cubana en el extranjero ha sido denominada por muchos como el ‘negocio redondo del castrismo’ y Cuba entera ha sufrido las consecuencias de este negocio.
Resulta complejo determinar con exactitud cuánto recibe el gobierno cubano por cada médico que cumple misión, según un artículo publicado por el doctor Eloy A. González en el blog ‘Cuba, democracia y vida’, “Las cantidades a recibir pueden variar de unos a otros países.” Y dice además al respecto el galeno: “Recibir pagos por los servicios de salud que los profesionales cubanos ofrecen en el exterior no es cuestionable, lo cuestionable es como se dividen los beneficios; esto es entre el gobierno y sus instituciones, y el médico. La diferencia de las sumas es lo bochornoso. Es una forma de explotación del profesional que siempre es considerado un ‘medio básico’ del estado cubano.” Paralelo a esto los habitantes del país carecen de especialistas y técnicos e incuestionablemente las unidades de atención a la salud se desmoronan, provocando creciente descontento en la población cubana.
Algunos medios como Martí Noticias, han tocado el tema del intercambio de médicos por petróleo entre Cuba y Angola. Este intercambio pudiera convertirse en un importante suministro del crudo a la Isla una vez que Venezuela ha rebajado su cuota y que la situación en el país suramericano se complica. Martí Noticias ha presentado también declaraciones anónimas de un funcionario del Ministerio de Salud Pública de Cuba que explica: “Lo de Angola, es una modalidad diferente, no es intercambiar el servicio de los médicos como médicos, sino como docentes. Viajan para impartir clases, no para atender pacientes, y según pronóstico, esto se convertirá en la actividad económica más provechosa de Cuba, por encima del turismo y las remesas familiares. Estamos hablando de un envío masivo de médicos y de otros profesionales del sector de la salud, como parte de un acuerdo de intercambio que asegura precios preferenciales de crudo.” Nada más cierto que, en todas sus batallas por la supervivencia, el regimen de la Isla ha sacado buenas ganancias a costa del pueblo.

Los cubanos de hoy ya casi no hablan de la contienda de Angola. La ‘Operación Carlota’ se ha convertido en uno de esos balbuceos del sistema castrista para intentar avivar una ideología que sucumbe. Los muertos de aquella guerra, no obstante, están ahí convertidos en cifras innegables. Raúl Castro continúa exportando milicias y personal civil, estos últimos como esclavos modernos, como ‘medios básicos’, mercancía y fuente de provechos. De vez en cuando muere algún cubano reclutado en tierras ajenas, como con los muertos en la Guerra de Angola, solo el régimen controla las causas de la muerte y el notificarlo a sus familiares y a la opinión pública. Los enrolados en las misiones internacionalistas buscan devengar un salario un poco más alto que el que recibirían si se quedaran sirviendo en suelo natal, salario ridículo en cualquiera de los dos casos. Aun no se ha precisado el motivo del rechazo de Angola a este grupo  de médicos ‘colaboradores’, sería interesante saber cuánto paga el gobierno angolano por la ‘solidaridad internacionalista’ que le brinda Raúl Castro a través de los profesionales de las batas blancas, lo que reciben los galenos por su trabajo, ya se sabe es solo una injusta migaja. 

jueves, 8 de febrero de 2018

La cosa indefinida

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Los cubanos en la Isla tienen más de una respuesta para la pregunta: ¿Cómo está la cosa? Se suele contestar con estas variantes: -La cosa está que arde, la  cosa está en candela, la cosa está mala, se jodió la cosa, la cosa está chivá.  Pero la “cosa” no tiene definición explícita. ¿Qué es la cosa? Tal vez todos saben, pero prefieren no entrar en el plano de las definiciones. Hasta es prohibido hablar de ella en algunos lugares, en peluquerías y otros negocios particulares cuelgan carteles que advierten: "prohibido hablar de la cosa". Parece una broma, pero en una ocasión mientras hacía cola para cortarme el pelo, recibí una llamada de una emisora para una entrevista, parece que hablé de la misma “cosa” que prohibía el establecimiento porque cuando terminé el peluquero se me acercó con cara de espanto y me dijo: oye niña, no vuelvas a hablar de esa "cosa" aquí adentro que me vas a meter en lío. Fresca como una lechuga, me levanté y me fui dejando detrás de mí al don tijeras con la boca abierta, días después me tropecé con él en la calle, se me acercó para pedirme que hiciera algo por un joven que estaba preso por intento de salida  ilegal y que querían vincularlo con el tráfico humano, no sin hacer el paréntesis: pero tú sabes, cuando hagas la denuncia me dejas fuera de esa “cosa”, que imagínate pierdo mi trabajito y la “cosa” está que arde. Lo reiterativo del uso de esa palabra tan ambigua, nos deja medir los niveles de miedo y desidia de los cubanos. Mejor no definir, no enfrentar la causa de la desgracia, no mirar a los ojos de la problemática, no perder tiempo ni energías en combatir el problema y diseñar soluciones… Sshh no hables de la “cosa”, no me obligues a darle un nombre porque eso implica enfocarla, esa es la actitud de millones.

Lo cierto es que la cosa está cada vez peor en Cuba, solo especulaciones se hacen acerca del futuro inmediato: ¿quién asumirá el mando de la cosa en abril de 2018? Y ahí se lanzan las ideas: Díaz Canel, Alejandro Castro, alguno de los cinco espías, Mariela Castro y no sé si hayan otros etcéteras. ¿Cuál de ellos es la mejor opción para el futuro en gris verdeolivo de la Isla? Algunos se han atrevido a apostar por Díaz Canel, argumentan desde la nada que este podría hacer cambios encaminados a la democracia, muchos hasta fantasean con que Miguelito es una especie de "Yo Claudio" que se hace el que ni pinta ni da color, o sea el muerto, solo para garantizar la toma del poder y luego ejecutar cambios para la apertura democrática. Una Cuba al fin sin un Castro en la silla dictatorial, repiten. Entonces es cuando yo me río de la cosa boba de algunos cubanos, miren que creer que ese huevo culeco no apestará al abrirse. El futuro de Cuba seguirá siendo la misma porquería castrista mientras los cubanos no se atrevan a enfrentar la "cosa" con todas las que lleva, hace falta mucha convocatoria y “pá la calle”, y yo sé bien lo duro que es activar a ese pueblo adormecido, que chapoletea en su propia desgracia o escapa de ella para no encararla, pero solo activando a los millones se puede lograr el cambio verdadero, esos millones son imprescindibles; cierto es que sin organización y diseño de campañas aglutinadoras y propuestas claras para derrocar la tiranía, para la transición y para la Cuba posterior, estamos flojos como oposición, que eso ayudaría incluso con la visión de la comunidad internacional sobre la lucha y su reconocimiento y respaldo a los que se oponen.  Un exilio unido dispuesto a apoyar a los de adentro, no nos vendría mal tampoco. Unidad en nuestro enfoque, eso se necesita, poner los ojos en el blanco de manera correcta es lo único que asegura la calidad del tiro; pero hay mucho desenfoque en nuestro lado, a veces solo nos define el hecho de ser anticastristas, se nos hace acuciante trabajar alineados. Nada ganamos lanzándonos dardos o entretenidos en fajazones entre nosotros,  mientras  en Cuba Castro sigue a sus anchas planificando como estirar la "cosa" indefinidamente.
No sé quién será el que sigue después de Raúl, no me dedico a especular  sobre un asunto que no es en definitiva la solución de nuestro problema, si no más bien su prolongación. El que sustituya al tirano actual ya está escogido al dedillo y si no es del clan Castro, es una marioneta que para el caso de la "cosa" es lo mismo. El régimen no cambiará con Díaz Canel, eso es el gran pantallazo de Raúl Castro. Seguirá siendo el partido comunista el rector político absoluto del país, Castro y sus versiones más jóvenes son y serán los dueños de la finca como hasta ahora, pero sí quisiera enforcarme, aunada a los que piensan en la libretad de Cuba con seriedad, honestidad y en todos los sentidos, en  lograr que la mayoría de los cubanos indefinidos de la Isla se decidan a poner nombre a la "cosa" para exterminarla.

Y así las cosas en una Cuba que sigue bajo la "cosa", y esa "cosa", y aquí valen las reiteraciones, tiene un nombre caballeros: Castro comunismo, que cada día le pone más malo el “picao” a los cubanos. Obremos bien para que la tortilla se dé vueltas y sean los cubanos los que le pongan  malo el “picao” al dictador. ¿Qué falta para lograr que todos se enfoquen en eliminar lo “jodío” de la situación? Unidad, definición y enfoque. Y por nuestras características bien está decir que para trabajar juntos se necesitan más pantalones que para enfrentar a la tiranía, ajustemos bien nuestros cinturones entonces.

miércoles, 7 de febrero de 2018

BONHOEFFER: EL PRECIO DE VIVIR LA GRACIA

Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Finalizando la década del treinta e iniciando la del cuarenta del siglo XX, la historia comenzó a transitar por senderos oscuros. La sombra del fascismo alemán se cernía sobre Europa, amenazando ocupar el resto del mundo. Eran tiempos en los que los buenos hombres tenían que decidir si hacer frente al monstruo del fascismo o quedar en total mutismo ante la depravación de uno de los regímenes más deplorables y angustiosos de los que la humanidad tenga memoria. La iglesia cristiana se veía inmersa en una etapa de renovación eclesiástica y tenía también sobre sí la responsabilidad moral y espiritual de condenar al anticristo o quedar marcada para el futuro como ramera y cómplice de la tiranía alemana.
Como en todos los períodos oscuros de la historia, muchos hijos de Dios se dispusieron a la lucha contra el mal, con independencia de si las instituciones, cleros, congregaciones o denominaciones religiosas estuvieran o no de acuerdo; hijos de Dios que adoptaron el nombre de cristianos, haciendo a un lado los calificativos humanos que solo han servido para dividir o mutilar el cuerpo de Cristo. Así muchos católicos y protestantes, formaron una iglesia visible solo para Dios, una que abrió las pesadas puertas de los templos para llevar la palabra viva, a las convulsas calles, a las cárceles infernales, a los oprobiosos campos de concentración.
Dietrich Bonhoeffer fue uno de esos creyentes, uno de esos buenos hombres que optaron por no callar, que rechazaron el mutismo. Teólogo, graduado en la Universidad de Berlín y en el Union Theological Seminary de Nueva York, director del seminario de la iglesia confesante en Finkenwalde. Pudo quedarse en los Estados Unidos a donde viajara en junio de 1939 para impartir un curso, pero la proximidad de la guerra le hace tomar la decisión de volver a Alemania en agosto de ese mismo año. Jesús no escapó de su compromiso de morir, cumplió con determinación la voluntad de Dios en su vida; como en una especie de analogía, Dietrich tampoco abandona su carga, caminó en sentido contrario a la escapada y enfrentó el peligro, el riesgo, la existencia tormentosa. La vida del creyente genuino debe transcurrir en perfecta simetría con la de su Señor, vivir este paralelismo cuesta, pero es la única forma de llenarnos a rebozar del Espíritu de vida, solo así se adquiere la grandeza y la transparencia que caracterizaron la existencia del teólogo alemán.
Vivir la gracia como la vivió Bonhoeffer en tiempos desoladores y turbios, tiene un alto costo. Vivirla plenamente cuesta caro, la propia vida: “Sobre todo la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo… y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros… La gracia cara es la encarnación de Dios.” La gracia liberadora nos llama al seguimiento; Pedro escuchó la voz de la gracia y decidió seguir a Jesús, esa misma voz llamó a Dietrich, esa misma palabra viva le conminó a seguir las pisadas del maestro, a creerle, a obedecerle, a seguir “al Cristo rechazado en el dolor (…). La muerte de cruz significa sufrir y morir rechazado, despreciado…” La iglesia cristiana, los seguidores de Jesús, vivirán fuertemente vinculados al sufrimiento, al rechazo, no hay otra forma de vivir en consecuencia con el Supremo líder, cada cual con su cruz, con la que Dios ha dispuesto, solo la mirada en Jesús ayuda a soportar el peso de la cruz, a llevarla de la misma forma en que él la llevó hasta el Calvario.
La cruz de Bonhoeffer fue el nacional socialismo alemán, el mal de su tiempo, el anticristo de su época. Seguir la corriente o permanecer lejos de la boca del lobo hubiera sido sencillo y le habría garantizado unos cuantos años más de vida; pero él optó por tomar su cruz, como única posesión: la cruz. Cristo tomó la carga y la llevó hasta la misma muerte, abofeteó a los poderes adversarios, derrotó poderosamente a su principal enemigo: el diablo, exterminó el pecado consumidor, la vanidad humana quedó al desnudo ante tanta pureza, entereza y obediencia.
La iglesia que no sufre, que aspira solo a los bienes de este mundo, siendo ciudadana y coheredera de otro, es una iglesia que adopta para sí “la gracia barata”, que rechaza su cruz por las futilidades de la vida. Una iglesia merecedora de su Señor, es la que lleva implícito el sufrimiento, que no se ata a las posesiones materiales, ni aspira vivir en la abundancia y la despreocupación, la iglesia de Cristo no teme a los hombres, ni a sus poderes, su objetivo supremo es reconocer en sí misma el precio de la gracia, del sacrificio, del dolor, del peso de la cruz de su Señor.
La predicación de Dietrich Bonhoeffer ha sido asimilada, apreciada y admirada por muchos, también ha tenido un considerable número de detractores; no obstante su teología tiene un fuerte basamento bíblico y es además la muestra o el resultado de una vida en profundo contacto con Dios, aún en medio de las más fuertes tribulaciones. La espiritualidad de Bonhoeffer me ayuda a comprender los difíciles caminos que la existencia misma nos va trazando, y que la aspiración del creyente debe ser siempre la de procurar la justicia y estar alejado del mal en todas sus expresiones. Caminar por la recta de los justos puede traer como consecuencia que en un punto del camino choquemos con los intereses de las autoridades humanas, pero el cuerpo de Cristo no debe apartarse de la recta, ni desviar el rumbo, solo ofrecer obediencia al único poder al que se la debe.
La iglesia cristiana existe, no por voluntad de los reyes de la tierra, sino por la voluntad del Rey de reyes y Señor de señores. Ella es su cuerpo y él la sustenta, ella es su esposa, la que le espera ataviada de hermosas vestiduras sin manchas, ni arrugas; la que grita a la par del Espíritu: Ven Señor Jesús (Ap. 22:17, vers. RV 1960). Esta es la principal razón por la que la iglesia cristiana solo debe someterse y regirse a aquel que es su cabeza, hacer el bien y solo el bien, ya sea que esto le proporcione elogios por parte de los hombres o por el contrario le acarree críticas, escarnio y sufrimiento: “El error de la autoridad no puede así atentar contra su conciencia (de la iglesia). Permanece libre y sin temor…” “Lo que importa es que no se cometa el mal en la iglesia cristiana. Repitámoslo: esta frase se dirige a los cristianos y no a la autoridad. Lo importante para Pablo es que los cristianos se mantengan firmes en el arrepentimiento y en la obediencia en cualquier lugar donde se encuentren, cualesquiera que sean los conflictos que puedan amenazarlos, y no el que una autoridad mundana sea justificada o rechazada. Ninguna autoridad puede sacar de estas palabras una justificación de su existencia. Mas bien, si en cierta ocasión esta palabra se dirige realmente a una autoridad, será para llamarla al arrepentimiento, igual que llama aquí a la iglesia a arrepentirse”.
Bonhoeffer se refiere a la porción de la Epístola de Pablo a los Romanos (Rom. 13: 1-7, VRV 1960). Su interpretación del texto molestó y aún molesta a muchos, especialmente a los poderosos de su tiempo; por pensar de esta manera fue encarcelado, enjuiciado y poco antes de la caída del fascismo, ahorcado. El texto tan manido por los poderosos para chantajear a los creyentes y utilizar la Palabra de Dios dicha a través del Apóstol para sus propias conveniencias mundanas, incluye también una condición para las autoridades, que pocas veces, estas mencionan, en especial si son dictatoriales y autoritarias: “porque es servidor de Dios para tu bien” (Rom. 13:4). Imposible creer que el fascismo en sus diversas caras, Hitler, Mussolini, Franco, etc., representaran o pudieran representar a Dios, o al bien entre los hombres; como es también indiscutible que ningún régimen totalitario representa el bien, porque a estas formas de gobierno o autoridad humana las caracteriza el endiosamiento, el amor desmedido al poder, el egocentrismo, el absolutismo, el ser tiranías que niegan y sustraen la libertad genuina de los pueblos. Todo esto y más, vio Dietrich en el rostro del nazismo alemán, representado en la siniestra figura de Adolfo Hitler. La recta que como cristiano seguía, se cruzó en un punto con la maldad del poder humano y diabólico, pero Dietrich prosiguió, llevando el peso de su cruz, sintiendo el precio de la gracia, sin titubear, sometiéndose solo al poder al que debía obediencia.
Como en aquellos tiempos, la iglesia cristiana hoy debe retomar esta pregunta: ¿a quién estoy sirviendo, al Rey de reyes o a los reyes de este mundo? ¿Cuál es mi meta, vivir el caro precio de la gracia que a mí nada me ha costado, pero que para Dios tuvo un altísimo costo, o conformarme a este siglo y vivir mundanamente, colocando los intereses personales o institucionales, antes que los intereses del Reino? Seguir a Jesús debe causarnos dolor y este dolor debe darnos gozo. Desde los mismos días en que el Salvador llevó a cabo su ministerio en la tierra y luego dio su vida, desplazando para ello a los poderes humano y satánico, desde los tiempos apostólicos y de los primeros mártires del cristianismo, desde todos los tiempos en que las manos sanguinarias de gobiernos nefastos se han manchado con la sangre de cristianos inocentes, tiempos funestos como los que vivió Dietrich Bonhoeffer y aún en esta nueva era donde la persecución a la iglesia puede ser más sutil, y donde el peligro mayor radica en que el cuerpo de Cristo deje de vivir bajo el control de su cabeza para doblegarse a otros poderes, el sufrimiento y no los placeres mundanales, han marcado la diferencia para el pueblo de Dios, un pueblo que conoce a su Señor y al cual su Pastor conoce, ese es un pueblo invisible, que solo Dios mismo ve, esa será la iglesia de las bodas del Cordero, la que hoy llora por la injusticias y los desmanes de este mundo, pero que mañana recibirá el galardón glorioso, la entrada triunfal a la Nueva Jerusalén. Como bien dijera Dietrich a su verdugo minutos antes de morir: “Ahora es que mi vida comienza”
En la galería de Mártires del siglo 20 en la abadía de Westminster, el pastor Dietrich Bonhoeffer, el último por la derecha. (foto tomada de http://centroconvivencia.org ). Artículo publicado el 15 de agosto de 2012 en Convivencia.

No me mataron



Recalco que estoy viva, latiendo de todo corazón “en medio de tantos muertos”, que “soy sobreviviente de la guerra”, que la guerra no termina y que las cicatrices están y sangran todavía. Recalco, que he cambiado, “como todo cambia”, que antes era sol y ahora soy luna, más fria. Recalco, que no me olvido de los que me ayudaron en todo mi camino, que trato de olvidarme de los que me empujaron, los enemigos de la guerra, de la que sobrevivo todavía. Recalco, que soy buena y mala, mezcla de esos “dos materiales” pero que aun me asombra la depravación de mis enemigos en la guerra, que tengo solo mi fe dentro del saco, que vivo por mi fe, y recalco que tengo el Corazón que palpita todavía. Recalco, aunque ustedes quieran que me calle, aunque insistan en retorcerme las heridas, no he dejado de mirar “al fondo de esos ojos claros”, ni de caminar, aunque a veces no conozca el rumbo, ni tenga brújula, ni estrellas, y no sepa a donde lleva este camino, pero tengo mi fe dentro del saco, todavía. Recalco, que sí puedo llorar -los muertos nunca lloran- y que tengo hombros para cargar con el llanto de unos cuantos y recalco -sí- “que el llanto de esos cuantos es también mi propio llanto” y que canto todavía. Recalco y me confieso, que soy una mujer que camina con su saco, sobrevivo a la guerra y camino por encima de los muertos, los míos y los de ellos, pero camino, todavía.

martes, 6 de febrero de 2018

Crónica gris




Eloína, aquella muchacha que en la década de los 90 se lanzó del piso 11 de la beca F y 3ra, me vino como flachazo a la memoria. Dijeron que había sido por un novio que no la quería, pero creo que Eloína se enfermó de la Cuba decadente, miserable, asfixiante del Período Especial, se saturó de la vida de bestias que llevábamos, pobre muchacha, demasiado frágil y desamparada. Les confieso que si yo pude soportar fue solo por Dios, mi fe me sostuvo. Más de una vez he querido con mis propias palabras narrar los 90 tal y como los viví, no puedo hacerlo. Fue un tiempo de estar al día, pero con todo lo que el espíritu demanda. La peor y la mejor etapa de mi vida, así de paradójico. Me siguen llegando los recuerdos como las luces intermitentes de un flash, la beca F y 3ra, con sus olores a comida podrida, churre incrustado en las paredes y en el piso, pestilencia a baños cargados de heces y orina, olor a salitre. Me veo frente al elevador, nunca indagué la marca de aquel viejo ascensor la mayor parte del año roto y las escaleras oscuras que tuve que subir, entre siete y veinte pisos con el hambre que me hacía arrastrar los pies. Imaginen a una jovencita flaca, con unas 96 o 98 libras, cargando un balde de agua escaleras arriba, era más la que derramaba que la que llegaba, y esa gota de agua tenía que alcanzarme para bañarme y asearme en la mañana, vida de perros sarnosos.
Me es inevitable pensar en Raúl Hernández Novás, el poeta de Gelsomina, iba a comer junto a los estudiantes de F y 3ra todos los días aquella comida para puercos: fish steak con sabor a bacalao mugroso, chícharos verdes duros como piedra y con gorgojos, pelotas de arroz blanco y un pancito tostado que era lo único que muchas veces yo lograba introducir en mi boca. Un hombre cansado Novás, triste, tampoco él soportó, se convirtió en una de las inumerables víctimas fatales de aquellos años inenarrables cuando el sábado 23 de junio de 1993, después de tres intentos fallidos de suicidio, puso fin a su vida con un disparo. Cuba estaba de muerte y sus hijos se quitaban la vida, no era más que una vida de perros sarnosos aquella.
No he vuelto a ver en mi memoria a F y 3ra en colores, creo que no había colores en la residencia estudiantil, la visualizo gris, oscura, un alto edificio marchito frente al malecón habanero, pero no he dejado nunca de visualizarla en mis recuerdos, allí también viví los frutos de la amistad, crecí rápido, los años se multiplicaron, entré joven y salí vieja. Obligo a mi mente a que no se olvide de nada, aunque no pueda aun sacar todas las experiencias. F y 3ra era un país subyugado por tiranos invasores, un país de tristezas y locuras, y lo sigue siendo, un país donde las almas entran jóvenes y salen viejas, un país sin libertad ni autonomía.





Una foto atardeciendo en una #Cuba que no pedí y que no perdí. Ya era un país perdido cuando llegué. En esa Cuba que recibí por herencia. Una caída de sol en el malecón habanero con todo ese mar que me decía a gritos: la libertad existe. Ya sé hoy que soy responsable de mi libertad. Cada cual lo es de la suya propia. No pertenezco a generaciones con nombres ni nombretes, nadie escoge por mí. Soy una soberana ciudadana de otro mundo. No tengo tierra ni amo.

Si no eres libre dentro de la Isla de Castro, es porque de muchos modos tú eres responsable.

jueves, 19 de febrero de 2015

Un regimen que no pretende cambiar

Que nadie se engañe o se deje engañar, el régimen totalitario de los Castro, impuesto a la isla de Cuba en la ya lejana fecha del primero de enero de 1959, no tiene, ni tendrá la más mínima intención de cambiar, de reconocer o de superar sus serios problemas con respecto a temas puntuales como: el respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o lo que es lo mismo, la concesión a los cubanos de libertades básicas como, poder postularse y elegir libremente en urnas electorales; expresar un criterio sobre temas políticos que apunten de manera crítica a las perpetuadas por ellos mismos, "figuras históricas del proceso revolucionario"; libertades económicas que faciliten a todos los cubanos, fuera o dentro de la isla, invertir y llevar a cabo negocios que puedan levantar sustancialmente la maltrecha y para nada querida economía socialista; acceder con plena libertad a los medios informativos, implementado la práctica de la libre opinión, o la prensa libre; permitiendo que los cubanos sean verdaderamente libres para elegir en qué y cómo creer, o cómo organizarse, o con quièn reunirse; o dejándole al arte en todas sus expresiones la libertad que este necesita para subsistir y ser útil a la sociedad en la que se inspira y de la que nace. 

Pero, como decía, el régimen de Cuba no muestra interés en abrir espacios sustanciales a la libertad del pueblo que durante casi seis décadas mantiene bajo su yugo autoritario; por esa razón siempre tendrá tras las rejas a alguien por motivos políticos. El régimen de la Habana no respeta la diversidad política e ideológica, según él, todos los cubanos tenemos que ser comunistas o "revolucionarios". Como esto es realmente imposible, entonces siempre habrá alguien que exprese lo que siente y como piensa, y claro correrá el riesgo de terminar tras las rejas. En este momento están en esta condición los artistas y activistas en pro de los Derechos Humanos, el escritor Angel Santiesteban Prats, el grafitero Danilo Maldonado (El Sexto), pendiente a juicio y la artista de la plástica Tania Bruguera, quien también se encuentra en un limbo legal. Ese es el régimen que desgobierna a Cuba y ese desgobierno ha expresado claramente su determinación de no cambiar, por lo que quienes queremos una patria diferente, un país que disfrute de los derechos más elementales, sabemos que esto no será posible mientras sean los dictadores actuales quienes ostenten la silla de poder. Denunciemos arbitrariedades como esta y alcemos nuestra voz en contra de una dictadura demasiado larga y empecinada en sobrevivir a toda costa. Al final será nuestra constancia, nuestra madurez y seriedad en la lucha, nuestra honestidad hacia al pueblo  _la principal víctima del funesto sistema Castro-comunista_, y nuestra visión política y propuesta de futuro, lo que nos llevará a conquistar el cambio real y radical y la tan esperada transición hacia la democracia.
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A cuatro manos el concierto de la vida se toca mejor

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