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lunes, 2 de abril de 2018

Acostumbrados a pasar trabajo



Por: Yoaxis Marcheco Suárez



Estamos acostumbrados a pasar trabajo’, esa frase es tan cubana, como cubano es el trabajo que se pasa para todo en la Isla de los Castro comunistas. Pasar trabajo encierra muchas cosas, desde la falta de transporte público o particular -Cuba es posiblemente el país con menor cantidad y posibilidades de medios de transportación en todo el hemisferio y no dudaría que en el mundo-. La mala calidad de la alimentación y el elevado precio de los alimentos. No tener combustible para prender los ‘fogones’, porque muchas veces no es solo la ausencia de alimento, sino también con qué cocinarlos. El problema crítico de la vivienda y las condiciones de deterioro de la infraestructura pública y privada. La imposibilidad de adquirir ropas y calzado de calidad por un costo que la mayoría no puede pagar. La salud, de la que se ufana el régimen castrista, con hospitales que tienen más pinta de pocilgas que de centros médicos y donde las bacterias y gérmenes pululan a su buen gusto, gratuita, pero en realidad demasiado cara para el mísero bolsillo de los cubanos que si no ‘tocan’ con un regalito al galeno, o quien sea que deba atenderlos, la atención será demorada, indolente y de muy mala calidad. Por este mismo rumbo, la ausencia de medicamentos en las farmacias, el ineficiente sistema de urgencias carente de ambulancias y equipos para llevar la labor de primeros auxilios; y claro, imposible dejar de mencionar los salarios, ridículamente bajos, mucho espacio en los bolsillos, o ‘billeteras frías’. 

Muchas cosas se pueden enumerar que se incluyen en ese inacabable ‘pasar trabajo de los cubanos’, pero no es precisamente el que los cubanos reconozcan las dificultades innumerables que enfrentan desde que en el año 1959 llegó la desgracia a Cuba lo que más debe llamar la atención de esta popular expresión, sino el ‘estamos acostumbrados’, cuando alguien se acostumbra a una vida digna de animales, pierde de muchos modos su condición de persona, y es duro sí, lo es, pero es así, la adaptación a condiciones infrahumanas de vida, trae consigo el conformismo y el conformismo trae el inmovilismo, la ausencia de vitalidad, la pérdida de la dignidad, los sentimientos de inferioridad, las bajas pasiones, la pérdida de valores morales, se degrada la espiritualidad y como una de las consecuencias más notables: la Sociedad se transforma en una masa improductiva, mientras que la economía llega a los níveles más insignificantes. La decadencia contamina el ambiente hasta hacerse lo único notable. ¿Y quién en su sano juicio, que viva en Cuba o la haya visitado, va a negar la atmósfera de decadencia que se respira y se vive en la Isla?

Ese ha sido el mayor crimen del Castro comunismo, haber matado la condición de persona en la mayoría de los cubanos, los ha aniquilado y transformado en títeres descerebrados, sin autonomía, sin energía para luchar por sus derechos. A muchos de ellos en seres corrompidos, desmemoriados de su historia, costumbres, tradiciones, un pueblo sin raíces que lo sujete. La conformidad, la adaptación al mal, son los síntomas más terribles que indican la baja condición moral a la que el régimen de Castro ha reducido a los cubanos. Desentoxicarnos de toda esa basura nos va a costar un poco de tiempo o tal vez sea mucho más rápido y fácil de lo que imaginamos, esperemos que aún no haya muerto del todo la cepa de la que brotaba en el pasado nuestro ingenio y las bondades que siempre nos caracterizaron como pueblo.

Quienes no se acostumbran a ‘pasar trabajo’ optan en su mayoría por huir, eso ya es bien conocido, aunque muchas veces llegan al mundo libre arrastrando todos los rezagos del sistema imperante en Cuba. Muchos, pero todavía no la cantidad que se necesita, deciden oponerse de forma abierta, aun cuando esta decisión equivale a no volver a vivir en paz nunca más porque es atraer sobre sí toda la maquinaria represiva del régimen y todo el odio del totalitarismo. Si algo es cierto es que con las dos caras de la misma moneda -Fidel y Raúl- los cubanos solo hemos pasado trabajo, necesidades, estrecheces.  Pero es una total mentira, que los mismos dictadores nos han dejado sembrada en lo profundo de nuestro cerebro colectivo, que los cubanos tenemos que estar acostumbrados a pasar trabajo, a vivir sin dignidad, como animales. La verdad, por el contrario, es que en nuestras manos está revertir eso, cambiar el curso fatídico de nuestra historia, librar a Cuba de Castro para reconquistarla.

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuba, el sitio que menos prefieren los cubanos


Por: Yoaxis Marcheco Suárez

¿Y por qué no luchar, por qué mejor no dejar la vida en la tierra propia tratando de reconquistarla? La respuesta es difícil de argumentar, de todos modos la escapada es una señal contundente de que los Cubanos huyen de Castro, no lo quieren,


Desde el año 1959 en que la tragedia comunista arribó a Cuba a través del engaño y la traición de un hombre y su grupito de seguidores, muchos cubanos han decidido emigrar, escapar de una situación que desde su comienzo ha ido empeorando. La Cuba que Fidel Castro tomó en el año 59, la tacita de oro del Caribe, se convirtió en las manos del dictador en un país en declive permanente. Cuba es una tierra sin progreso. Los cubanos huyen a cualquier parte del planeta, por cualquier vía posible, dispuestos a emprender, a sacudirse la miseria en la que sucumben. Por la cercanía, solo 90 millas al norte de sus costas, la emigración históricamente se desembocó en mayoría hacia Miami. De ahí que el mayor número de víctimas del Castro comunismo yace en el fondo del estrecho de la Florida, los cientos de miles que deslumbrados por las luces de la libertad quedaron sepultados en esas cortas noventas millas, prefiriendo la muerte a la revolución socialista.

Tan temprano como el 2 de noviembre de 1966 y reconociendo la existencia de una férrea dictadura en su vecina Cuba, Estados Unidos promulgó La Ley de Ajuste Cubano (Cuban Adjustment Act o CAA, Ley Pública 89-732, Ley federal aprobada por el Congreso de los Estados Unidos y firmada por el presidente Lyndon Johnson), “que aplica a cualquier nativo o ciudadano de Cuba que haya sido inspeccionado y admitido o liberado en los Estados Unidos después del 1 de enero de 1959; haya estado físicamente presente en ese país durante al menos un año; o sea admisible como residente permanente de los Estados Unidos”. (nota tomada de Enciclopedia Wikipedia). La ley en sus inicios se aplicaba tal y como expresa, cualquier persona que de forma ilegal saliera de Cuba y llegara a tierras norteamericanas, aquí se incluía aguas continentales, podia obtener la tarjeta de residencia permanente un año después.

El tráfico y arribo de cubanos a los Estados Unidos ha sido imparable desde entonces, varias crisis pusieron en alerta a las autoridades del norteño país, muy notables la del Puerto del Mariel en 1980, cuando al menos unos 125 mil cubanos llegaron a Estados Unidos, entre ellos un considerable número de delincuentes y enfermos mentales que el dictador Castro incluyó en la marejada, vaciando cárceles y hospitales psiquiátricos para librarse de la ‘lacra social’, llegaron mezclados buenos y malos, ‘la escoria’, así los llamó el dictador. Los que emigraron en esta oleada fueron despedidos por sus coterráneos con actos de repudio, las puertas para el retorno fueron cerradas entre bombardeos de huevos y consignas comunistas, solo tiempo después cuando el campo socialista sucumbió y la deficiente economía cubana no pudo depender más de la ayuda soviética, las puertas volvieron a abrirse y de esta manera se liberaba la entrada a la moneda dura enemiga hasta ese momento penalizada en la Isla.

La conocida como Crisis de los balseros en 1994, fue otro de los éxodos significativos, el ‘Período Especial’ que enfrentaba el pueblo y que no era más que el hundimiento total de la economía sin el soporte soviético, llevó a los cubanos a la estampida una vez más; en embarcaciones deplorables salían desde las costas cubanas familias enteras con menores incluidos, sin considerar las condiciones climáticas, ni lo difícil de la travesía. Muchos no llegaron, creo que el número en realidad es incontable. La dictadura culpó a la Ley de Ajuste, según sus argumentos esta propiciaba y estimulaba la salida de los cubanos. Las dimensiones de la crisis llevó al gobierno de Bill Clinton  a sostener conversaciones con Castro en el año 1995 de las que resultaría  una importante modificación, se dejarían de admitir a personas interceptadas en aguas de los Estados Unidos, surgiendo así la política: Pies secos, Pies mojados. Todo cubano que fuera interceptado sería devuelto a la Isla o llevado a un tercer país y los que lograran tocar suelo americano, podrían permanecer en los Estados Unidos y al año y un día aplicar para la residencia permanente legal.

Pero nada detuvo el flujo de cubanos, ya fuera atravesando el estrecho de la Florida, usando terceros países, como México o el peligroso paso por centroamérica, fuera que tomaran un largo vuelo rumbo a Rusia para luego encaminarse por la Siberia, o usando el pasaporte español, con el que salían de Cuba como ciudadanos españoles y llegaban a USA declarando ser simples ciudadanos cubanos con el fin de ampararse bajo la Ley. Paralelo a esto el sinnúmero de los que salían de la Isla de forma legal, con visas temporales que usaban como trampolín para llegar y quedarse, o a través de programas como los sorteos de visas especiales para los cubanos, el de reunificación familiar, el Programa para Refugiados Políticos por el que más de uno salió a la calle a protestar contra el sistema solo para anotarse puntos y acumular evidencias y poder ser aceptados para emigrar a los Estados Unidos.  En fin de cuentas la lucha para salir, deslumbrados por la libertad y el progreso del país del norte, el destino preferido de los isleños agobiados por la profunda oscuridad del Castrismo.

La Puerta siempre abierta que recibía a cuanto cubano arribaba a la Florida, ha sido ‘entrecerrada’, solo una hendija de luz ilumina las noventa millas de agua que separan ambas costas. Aunque permanece vigente la Ley de Ajuste Cubano, las condiciones para llegar a los Estados Unidos se han complicado drásticamente, el 12 de enero de 2017, el presidente Barack Obama anunció de manera imprevista el cese inmediato de la política de ‘Pies secos, Pies mojados’, indicando que los inmigrantes cubanos serían tratados igual que los de otras nacionalidades. ​ La medida se tomó en un acuerdo entre ambos países firmado también en La Habana  ese mismo día. Raúl Castro  calificó la decisión como: un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales; tras el inicio de estas en 2014, cuando el expresidente norteamericano las encaminó a través de conversaciones secretas con el actual dictador cubano. El término de la política se había vuelto previsible y condujo a que el número de inmigrantes aumentara en el último año de mandato de Obama. El tránsito por centroamérica se acrecentó, las condiciones de la escapada se tornaron aun más difíciles por la participación de elementos de muy baja calaña, como los llamados ‘coyotes’, traficantes de personas, sin aprecio por la vida humana, en las selvas colombianas quedaron algunos cadáveres cubanos.

El flujo se paralizó por el aumento del número de emigrantes, provocando otra crisis que aun no termina, los cubanos quedaron varados en Laredo México, en Costa Rica, Panamá y en casi toda Latinoamérica, la decisión de Obama fue un letal balde de agua fría para quienes luchaban por llegar a tierras norteamericanas, muchos han sido deportados para Cuba, otros permanecen en la búsqueda de refugio, las condiciones en las que viven algunos rayan en lo inhumano, maltratados por los gobiernos de los países donde permanecen, temerosos de ser devueltos al infierno del que salieron y donde nada les quedó porque se deshicieron de sus propiedades y pertenencias para obtener el dinero necesario para salir. Todo un drama.

La Ley de Ajuste Cubano aún está vigente, para acogerse a ella, los ciudadanos de la Isla deberán llegar a suelo norteamericano con una visa temporal, una vez dentro el requisito es permanecer durante el tiempo especificado, esto claro como ilegales y sin permiso de trabajo, hasta que puedan aplicar para la residencia. Debido al incidente ocurrido con diplomáticos norteamericanos en La Habana, en que por causas extrañas la salud auditiva de estos se afectó, el Presidente Donald Trump eliminó de manera temporal e indefinida la entrega de visas en la Embajada de USA en La Habana y retiró casi todo su cuerpo diplomático, los cubanos tendrán que viajar a Colombia para solicitar visas, curioso, ni lo costoso de la gestión ha detenido a los que sueñan con el brinco hacia la libertad.


USA se está cerrando para los Cubanos, pero queda mucho espacio en el resto del mundo y allá adentro en la Isla comunista, sus habitantes continúan estudiando los posibles terrenos a donde escapar, no importa lo que cueste, ni la lejanía, el brillo de libertad puede salir de cualquier lado. ¿Y por qué no luchar, por qué mejor no dejar la vida en la tierra propia tratando de reconquistarla? La respuesta es difícil de argumentar, de todos modos la escapada es una señal contundente de que los cubanos huyen de Castro, no lo quieren, prefieren otros horizontes que la desgracia de país donde un rey enano y su séquito se mueven a sus anchas. La inmigración ilegal ha sido como un campo de batalla contra la dictadura, perecer o llegar a la libertad sigue siendo preferible que quedarse. De esa forma durante 60 años una porción considerable de pueblo le ha dicho a gritos al mundo que no quiere a Castro, que escapa de él para ser libre.

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