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lunes, 19 de febrero de 2018

Una historia de amor inconclusa


Por: Yoaxis Marcheco Suárez.

Acela Sánchez estaba sentada frente a mí en un taburete viejo de puro cuero de vaca, bien cuidado y muy pulcro, tenía los pies cruzados, aunque de vez en cuando los cambiaba de posición: estoy vieja mija -me dijo- me duelen todos los huesos y esta pierna me la he partido varias veces- Luego pasaba una de sus manos con suavidad por la pierna herida y la volvía a colocar sobre su muslo, sus manos se movían intraquilas, se entrelazaban y se soltaban, pero no era un movimiento nervioso, solo el ímpetu de la mujer que en su juventud fue ágil y dispuesta para el trabajo y que la vejez replegaba al taburete. Sus ojos eran achinados y de expresión suave, tenía casi 90 años y venía de la Cuba anterior a los Castro, su familia se había acentado en los alrededores de Rosalía, cerca de Taguayabón, una comunidad rural en el centro de Cuba. Acela guardaba con ella una historia de amor inconclusa.

-Amaste mucho a un hombre en tu juventud. Le dije con mucha suavidad para no despertar abruptamente sentimientos que tal vez ya estaban apaciguados.

-Mi juventud… -dijo bajito y sus ojos achinados se fueron lejos, a otro tiempo-  Sí, estuve noviando con un muchacho que se llamaba Aló Casas cerca de diez años, fue el primer amor de mi vida, eso fue en los cincuentipicos. Los años cincuenta son inolvidables para mí, la vida en Cuba era diferente a como es ahora, una estaba en el campo muy tranquila, sin tanto traqueteo y no pasábamos trabajo para conseguir las cosas, había de todo en los negocios, no éramos ricos en mi familia, pero nunca nos faltó nada. Los días se me iban  en ayudar en los quehaceres de la casa y en esperar la llegada de Aló todas las tardes.

Ramón Aló Casas, el prometido de Acela, era un hombre bien parecido, un caballero natural con la educación formal exquisita que caracterizaba a los campesinos cubanos de aquellos tiempos, limpio y elegante, todo el mundo en los alrededores de Rosalía y Taguayabón conocía a la familia de la que provenía, eran gente de campo, honesta y trabajadora.

-¿Y por qué tantos años noviando Acela?

 -Así era entonces, si no te ibas con el novio fugada por una ventana porque tus padres no lo querían o porque ya habías metido la pata… tú sabes, entonces noviabas por mucho tiempo. La mayoría de las veces los novios andaban con otras mujeres, pero mi Aló era un hombre bueno a pesar de que era muy apuesto. Se iba a casar conmigo con todas las de la ley y como Dios dice que tiene que ser.

Volvió a enlazar las manos y a soltarlas y sus ojos ya no me veían.

-Me gustaba verlo con su guayabera blanca, los hombres antes se vestían como hombres, ahora andan llenos de aretes y hasta se arreglan las cejas como las mujeres,  antes salían bien planchaditos, el filo de los pantalones tenía que ser perfecto, los zapatos impecables y el pelo engomado y estirado. Aló era un joven elegante y presumido.

-Pero después de tanta espera no pudieron llevar a efecto la boda- Nuevamente le hablé con mucha suavidad. Se movió despacito en el taburete como para acomodarse y hablar con más soltura, seguía hundida en otro tiempo.

-Así mismo fue. Me lo mataron de un tiro. Cuando me dieron la noticia me quedé fulminada, imagínate todas las ilusiones que yo tenía, pero sí, lo habían matado de un tiro y ya nada se podía hacer. Todos sufrimos su muerte, sus padres, los hermanos y yo.

-¿Y quién lo mató Acela? Mi pregunta fue perturbadora, la hice regresar a la realidad como de un golpe.

-No sé mija, yo no sé bien quien lo mató, hay rumores, pero yo nada te puedo asegurar. Casi todo el mundo dice que fue el tal Jesús Ramos, ese que vive aquí en Taguayabón y que ahora trabaja como chivato. En el juicio dijeron que había sido un error, que habían confundido a Aló con uno de aquellos que se alzaron contra Fidel. Aló que no se metía en nada, él era un muchacho tranquilo.

Los rumores a los que se refirió Acela se han pasado de boca en boca desde aquellos tiempos hasta la actualidad entre los pobladores, la sospecha cae sobre un informante de la Seguridad del Estado nombrado Jesús Ramos Peña, residente del poblado de Taguayabón; según lo que se comenta fue un crimen pasional y de venganza. Se dice que el asesinato se ejecutó durante la noche cuando Aló regresaba a su casa, el informante al frente de otros dos guardias revolucionarios lo vio venir y escondido ordenó abrir fuego contra él, solo una bala fue certera y se presume haya sido la de Jesús Ramos que estaba bien colocado y era un experto tirador. El caso del asesinato de Casas constituyó “la Causa No. 12 DE 1962, por homicidio por el entonces Jurado de Instrucción de Placetas, municipio de Villa Clara” (tomado de Dios desprecia la mentira, http://cubanoconfesante.com). El crimen se escudó en la euforia revolucionaria del momento, el alegato de defensa fue que se había confundido a Aló Casas con un “bandido contrarrevolucionario” calificativo que se le dio a los que se alzaron y fueron a luchar contra Fidel en las lomas. Una pequeña cruz colocada por sus familiares marca el sitio de su muerte.

-Y cuándo pasas por el lugar donde lo mataron y ves la cruz, ¿lo recuerdas?

-Nunca lo he olvidado, me costó mucho trabajo volver a enamorarme, se me fue toda la juventud queriendo a Aló.  Imagínate que me casé a los cincuenta años con el único esposo que realmente tuve y claro fui muy feliz con él y con su familia. Aló fue el amor que no me dejaron continuar, tal vez hubiéramos tenido hijos, quién sabe.


Acela murió hace algunos meses atrás, se llevó con ella todos los recuerdos que albergaba del primer amor de su vida, un hombre que murió asesinado en plena juventud sin poder crear una familia y que según algunos que lo conocieron estaba muy enamorado de su novia. El crimen quedó impune, como muchos otros cometidos en los inicios y durante el fidelismo en Cuba,  pero la pequeña cruz sigue visible en el camino que va desde Taguayabón hasta Rosalía, como un recordatorio, “imagino que su asesino no pueda dormir en paz, y que solo los somníferos lo ayuden a conciliar el sueño o la pesadilla cada noche”, esas fueron las últimas palabras de Acela en aquel conversatorio que sostuve con ella.

Nota: Las fotos fueron tomadas del Blog http://cubanoconfesante.com de la autoría del pastor bautista Mario Félix Lleonart Barroso.

sábado, 10 de febrero de 2018

El Viejo negocio de los Castros en Angola

Foto tomada de Havanaluanda.

Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Hace algunos meses Angola rechazó el servicio de 189 colaboradores médicos cubanos, hecho insólito en los más de cincuenta años de buenas relaciones entre el país africano y el Sistema cubano. Las causas del rechazo aun no han sido bien explicadas, pero podrían estar relacionadas con el pago a los galenos. Las relaciones de Cuba con Angola tuvieron su momento más significativo en la década del setenta cuando el presidente Agustino Neto solicitó a la Isla caribeña ayuda para entrenar y capacitar a las tropas angolanas que se debatían en una contienda civil sumergida en el contexto de la Guerra fría. Fue en el año 1975 cuando Fidel Castro ordenó el inicio de la ‘Operación Carlota’, en la que se verían involucrados durante los 16 años siguientes hasta mayo de 1991, unos 377 mil soldados cubanos y ya desde entonces unos 42 510 colaboradores civiles.
El conflicto ajeno costó mucho al pueblo de Cuba, en especial por la pérdida de vidas jóvenes. El Servicio Militar de carácter obligatorio fue cantera fácil para la conflagración, muchos de los que participaron en la guerra de Angola eran reclutas, adolescentes que no pudieron dar voto a su destino, un número de ellos fue a un viaje sin retorno. Según las cifras oficiales el total de muertos se aproximó a los 2085, incluyendo a 204 civiles, de ellos médicos, paramédicos, maestros y otros. Entre las causas estaban las muertes en combate y las más frecuentes por accidentes, por deficiente entrenamiento, por enfermedades y por suicidios. Las causas de las muertes y el momento de notificar a los familiares de las víctimas en la Isla eran manejados por el régimen castrista.
La Plataforma digital Cuba Archivo (www.cubaarchive.org) posee en sus registros algunos casos en los que nunca se le comunicó a los parientes de los muertos el motivo del deceso, o se tergiversó el verdadero; como el del joven de veinticuatro años Julio Guerra, quien se graduó de la escuela de vuelos en Krasnador, antigua Unión Soviética y que fuera enviado a la guerra en Angola para volar aviones MI6-23BN, para los que tenía poco entrenamiento; desapareció en la selva en 1987, según el testimonio de un pariente, su familia nunca recibió explicaciones acerca de lo sucedido al joven combatiente; o el caso de Raúl Quiala Castañeda, igualmente registrado en la Base de datos del mencionado portal, quien aún no había aprendido a realizar vuelos nocturnos, pero recibió la orden de su superior de salir de noche desde el aeródromo de Luena para bombardear en cualquier parte de la vecindad de Luanda donde viera algún fuego encendido que indicara la presencia de campamentos de la UNITA, el joven soldado se estrelló y murió, a los familiares se les notificó que había muerto heroicamente en combate.
Pero, en todos estos años de ‘discurso internacionalista’, de ‘cooperación’ y de ‘ayuda desinteresada’ del castrismo hay también mucho dinero que contar, una buena parte ha engrosado las arcas del regimen, que lo emplea en cantidades significativas para el sostenimiento de sus cuerpos represivos, sobre todo para la represión a los grupos opositores dentro de la Isla, en múltiples acciones de contrainteligencia dentro y fuera del país y en el fortalecimiento de su propaganda ideológica. Por otro lado detrás del telón de aparente humanidad está el saldo humano, la pérdida de las vidas de miles de cubanos y la privación a la Isla de un cuantioso número de sus profesionales en diversos renglones como el de la salud. La colaboración médica cubana en el extranjero ha sido denominada por muchos como el ‘negocio redondo del castrismo’ y Cuba entera ha sufrido las consecuencias de este negocio.
Resulta complejo determinar con exactitud cuánto recibe el gobierno cubano por cada médico que cumple misión, según un artículo publicado por el doctor Eloy A. González en el blog ‘Cuba, democracia y vida’, “Las cantidades a recibir pueden variar de unos a otros países.” Y dice además al respecto el galeno: “Recibir pagos por los servicios de salud que los profesionales cubanos ofrecen en el exterior no es cuestionable, lo cuestionable es como se dividen los beneficios; esto es entre el gobierno y sus instituciones, y el médico. La diferencia de las sumas es lo bochornoso. Es una forma de explotación del profesional que siempre es considerado un ‘medio básico’ del estado cubano.” Paralelo a esto los habitantes del país carecen de especialistas y técnicos e incuestionablemente las unidades de atención a la salud se desmoronan, provocando creciente descontento en la población cubana.
Algunos medios como Martí Noticias, han tocado el tema del intercambio de médicos por petróleo entre Cuba y Angola. Este intercambio pudiera convertirse en un importante suministro del crudo a la Isla una vez que Venezuela ha rebajado su cuota y que la situación en el país suramericano se complica. Martí Noticias ha presentado también declaraciones anónimas de un funcionario del Ministerio de Salud Pública de Cuba que explica: “Lo de Angola, es una modalidad diferente, no es intercambiar el servicio de los médicos como médicos, sino como docentes. Viajan para impartir clases, no para atender pacientes, y según pronóstico, esto se convertirá en la actividad económica más provechosa de Cuba, por encima del turismo y las remesas familiares. Estamos hablando de un envío masivo de médicos y de otros profesionales del sector de la salud, como parte de un acuerdo de intercambio que asegura precios preferenciales de crudo.” Nada más cierto que, en todas sus batallas por la supervivencia, el regimen de la Isla ha sacado buenas ganancias a costa del pueblo.

Los cubanos de hoy ya casi no hablan de la contienda de Angola. La ‘Operación Carlota’ se ha convertido en uno de esos balbuceos del sistema castrista para intentar avivar una ideología que sucumbe. Los muertos de aquella guerra, no obstante, están ahí convertidos en cifras innegables. Raúl Castro continúa exportando milicias y personal civil, estos últimos como esclavos modernos, como ‘medios básicos’, mercancía y fuente de provechos. De vez en cuando muere algún cubano reclutado en tierras ajenas, como con los muertos en la Guerra de Angola, solo el régimen controla las causas de la muerte y el notificarlo a sus familiares y a la opinión pública. Los enrolados en las misiones internacionalistas buscan devengar un salario un poco más alto que el que recibirían si se quedaran sirviendo en suelo natal, salario ridículo en cualquiera de los dos casos. Aun no se ha precisado el motivo del rechazo de Angola a este grupo  de médicos ‘colaboradores’, sería interesante saber cuánto paga el gobierno angolano por la ‘solidaridad internacionalista’ que le brinda Raúl Castro a través de los profesionales de las batas blancas, lo que reciben los galenos por su trabajo, ya se sabe es solo una injusta migaja. 

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