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sábado, 27 de diciembre de 2014
Discurso de la misionera bautista Yoaxis Marcheco Suárez para la celebración de “Unidos por los Derechos Humanos” de los 66 años de proclamada la Declaración Universal de los Derechos humanos. Ante todo mi más cordial y respetuoso saludo para la audiencia aquí reunida hoy para reafirmar la dignidad y el valor del ser humano y los derechos de todos los hombres y mujeres para ejercer la libertad de pensamiento, de expresión y de religión.
El respeto a los Derechos Humanos expresos en los treinta artículos de la Declaración Universal, así como su promoción y concientización, son la clave para enrumbar a la necesitada Cuba y constituyen por ello el motivo de la inspiración para el trabajo que como misionera allí realizo, en medio de un contexto difícil.
El régimen de mi país se ufana entre otras cosas, de brindar una educación gratuita y alardea de los altos niveles culturales a los que la “Revolución”, según ellos, ha elevado a los cubanos, pero lo cierto es que todo el Sistema Nacional de educación está diseñado para sembrar en las nuevas generaciones de cubanos y cubanas individuos que respondan ciegamente a sus mandatos. Los programas de enseñanza están altamente politizados y manipulados, desde las edades más tempranas los educandos son programados para no disentir de lo establecido por el sistema. En Cuba puede fallar cualquier cosa, ya sea el alimento para el pueblo, o los medicamentos en las farmacias, pero las campañas de adoctrinamiento ideológico son priorizadas.
La calidad de la educación de una nación, se ve en la calidad del comportamiento de su pueblo, en la salud espiritual de su sociedad, en los buenos modales y en la práctica de las mejores costumbres. Un pueblo bien educado se ha de mostrar civilizado, respetuoso de las diferencias y de la diversidad, aun en el plano político o ideológico, un pueblo educado sabe reclamar sus derechos (que conoce de antemano), sabe debatir, dialogar y manejar las discrepancias en todos los órdenes, eso se llama democracia. Un pueblo educado se ha de mostrar libre y la libertad consiste en no agredir las fronteras que circundan la individualidad y la libertad ajenas. Es esto lo que me propongo a continuar promoviendo desde mi posición.
Un sistema de educación libre, despojado de todo discurso político e imparcial, sería más beneficioso. El pueblo de Cuba necesita conocer más sobre la Constitución de la "República" y sobre la declaración de los Derechos Humanos, aprender a convivir con las diferencias, liberar sus calles, sus escuelas, sus universidades. Es esto lo que intento diseminar en Cuba a fin de crear más conciencia sobre los derechos humanos; no es fácil, reitero, realizar esta labor en medio de un sistema que reprime nuestro derecho a disentir, pero eso hago y haré, educar a quienes me circundan ya que estoy convencida como sé lo está el resto de la delegación que me acompaña, de que la educación es la clave para crear las condiciones para un mejor cambio.
Mi mayor deseo hoy en que celebramos el 66 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es que mi pueblo se sature de ellos, se eduque en ellos y se transforme en una sociedad fuerte, empoderada, verdaderamente libre. Con mi trabajo seguiré influenciando para que así sea. Gracias.
viernes, 11 de julio de 2014
En estos herrumbrosos eslabones comienza la fatal cadena
Debo confesar que me resulta muy incómodo publicar en la Web las fotos de nuestros represores, es esa manía de no tener, como algunos me dicen, maldad. Y es que como cristianos a veces olvidamos que debemos ser mansos como las palomas, pero astutos como las serpientes. En esta ocasión muestro publicamente la fotografía de un informante de mi pueblo que acosa a mi familia constantemente. La vigilancia a mi persona y a la de mi esposo @maritovoz crece cada día y lo hace sin ningún tipo de pudor o disimulo. Ya muchos vecinos nos reportan que lo han visto tomar las matriculas de los autos que parquean a la entrada de nuestra iglesia, correr tras nuestras huellas cuando viajamos en ómnibus, o apresurarse a informar la presencia de algún visitante. Pero este vulgar informante no solo nos perjudica a nosotros, como el día en que fuimos detenidos por espacio de dos horas por el jefe de la Policía Nacional (PNR) de Camajuaní, detención que trajo como consecuencia la ocupación de nuestras laptops, que hasta el día de hoy no han sido devueltas, sino que también coloca en dificultades a amigos cercanos y a hermanos en la fe que no dejan de participar en nuestros cultos, ni de frecuentar nuestra casa, y a los choferes que algunas veces nos transportan.
Este hombre, como todos los de su calaña, no son comunistas, como tampoco poseen ideología alguna a no ser la que los comprometa con sus propios intereses, son simples y vulgares personajes en cuyo oficio no confían ni los esbirros del régimen que los utilizan. Su trabajo se mueve en la oscuridad y está sustentado por la maldad y los peores sentimientos que se pueden atesorar en el corazón. Este es el eslabón más herrumbroso de la cadena represiva que los tiranos levantan contra los que dentro de la isla se permiten pensar con libertad e independencia de sus autoritarios slogans. Son perjudiciales, muy perjudiciales, aunque aparenten ser insignificantes, quién pensaría al ver a un diminuto mosquito que este podría enfermar a un ser humano?
Jesús Ramos, tiene un largo historial como informante de la Seguridad del Estado en Villa Clara. Es odiado por los pobladores de Taguayabón, la pequeña comunidad donde vivo. Realiza su oficio de vigilante sin ningún tipo de pudor o disimulo. Ha participado además en los operativos realizados por la pol;icía política alrededor de nuestra casa e iglesia, el más reciente fue durante la realización en la Habana de la II Cumbre de la CELAC.
Este hombre, como todos los de su calaña, no son comunistas, como tampoco poseen ideología alguna a no ser la que los comprometa con sus propios intereses, son simples y vulgares personajes en cuyo oficio no confían ni los esbirros del régimen que los utilizan. Su trabajo se mueve en la oscuridad y está sustentado por la maldad y los peores sentimientos que se pueden atesorar en el corazón. Este es el eslabón más herrumbroso de la cadena represiva que los tiranos levantan contra los que dentro de la isla se permiten pensar con libertad e independencia de sus autoritarios slogans. Son perjudiciales, muy perjudiciales, aunque aparenten ser insignificantes, quién pensaría al ver a un diminuto mosquito que este podría enfermar a un ser humano?
Jesús Ramos, tiene un largo historial como informante de la Seguridad del Estado en Villa Clara. Es odiado por los pobladores de Taguayabón, la pequeña comunidad donde vivo. Realiza su oficio de vigilante sin ningún tipo de pudor o disimulo. Ha participado además en los operativos realizados por la pol;icía política alrededor de nuestra casa e iglesia, el más reciente fue durante la realización en la Habana de la II Cumbre de la CELAC.lunes, 3 de febrero de 2014
Taguayabón: Secuestran al pastor del pueblo
Tomado de Cubanet @cubanetnoticias “Nuestras hijas quedaron en shock. Comenzaron a llorar; la más pequeña pedía que salvaran a su papá de unos hombres malos”
TAGUAYABÓN, Cuba.- Podría escribir una simple nota informativa acerca
de una detención de las tantas llevadas a cabo por los Órganos de la
Seguridad del Estado en Cuba, entre los días previos a la realización en
La Habana de la Cumbre de países miembros de la CELAC. Solo que en esta
en particular fui testigo presencial y víctima, y además tuve que
lidiar con el hecho de que mis hijas lo vieron todo.
El pasado sábado 25 de enero, cuando salíamos de nuestra casa en Taguayabón, mi esposo, el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo, con nuestras hijas menores de edad, Rocío, de 13 años, y Rachel de apenas 5, con el ánimo de viajar hasta la vecina ciudad de Remedios y pasar una tarde de esparcimiento en familia, fuimos interceptados por dos agentes de la Seguridad del estado vestidos de civil; ambos en una pequeña moto marca Suzuki, quienes se acercaron a mi esposo y le comunicaron que estaba detenido.
La situación se tornó muy tensa cuando, pasados unos minutos, apareció un auto patrulla perteneciente a la Policía Nacional Revolucionaria, con un policía uniformado y otro agente de civil, quienes se unieron a los dos primeros y se abalanzaron contra Mario Félix y, como si fuera un vulgar delincuente, lo esposaron y se lo llevaron a toda velocidad rumbo a Remedios, sin comunicarme cuál sería su paradero.
Nuestras hijas quedaron en shock, ambas comenzaron a llorar, la más pequeña no paraba de decir: salven a mi papá que esos hombres malos se lo llevaron. Me costó trabajo enorme calmarlas y de alguna manera que ellas pudieran entender lo que estaba sucediendo. Las niñas aman entrañablemente a su papá, lo conocen, saben que es un hombre honesto y de muy buen corazón; aquel secuestro era algo que no podían asimilar, sobre todo porque sabían que esa tarde él la había reservado para ellas.
Tragando buches amargos y sobre todo mi indignación -porque no oculto que ante todas estas arbitrariedades y despotismo me indigno profundamente-, llevé a las pequeñas hasta Remedios, caminé con ellas y resalté la figura de su padre. De algún modo mi pequeña Rachel se apropió de mis palabras y luego no paraba de decir: si esos policías vienen a buscar a mi papá aquí a la casa, yo les voy a decir que lo dejen tranquilo porque mi papá es un hombre libre. No sé si mis hijas han entendido a cabalidad ese mensaje, pero la libertad es nuestra y nosotros somos de ella, y así espero que crezcan ambas sabiendo que no hay sistema humano, ni cuerpo represivo, ni dictadura, ni dictador, ni tiranos que puedan impedirnos ser libres.
Regresamos a la casa a esperar por la suerte de Mario. No sabíamos a ciencia cierta para dónde lo habían llevado. Caibarién y Remedios quedan en la misma dirección y solo sabíamos que el auto patrulla se había dirigido hacia uno de los dos lugares. Un secuestro con todas las de la ley, terrorismo de Estado más que evidente, los ciudadanos son llevados a cualquier parte, ni siquiera los familiares saben a dónde.
Las detenciones pueden ser a cualquier hora, en cualquier sitio, ante cualquier persona, sin explicaciones, utilizando además la fuerza bruta. Qué reprimen, qué persiguen, no a los delincuentes comunes que cada vez son más, sino a los opositores políticos e ideológicos.
A las seis de la tarde de ese día, llegó mi esposo. Mis hijas corrieron hacia él y lo besaron, el alivio era evidente en sus caras. Desde ese momento, un operativo policiaco cercó nuestra casa y nuestro templo, la prohibición de salir se hizo extensiva a mi persona. Solo podíamos llevar y recoger a las niñas en sus respectivas escuelas y siempre custodiados por la policía política. Las Suzuki se parqueaban en la esquina cercana a las escuelas, visibles a nuestras hijas; era el recordatorio para ellas de que aún estaban y la manera de mantenerlas inquietas.
Como en otras ocasiones, nuestros móviles fueron bloqueados por Cubacel, la única empresa, estatal, que gestiona las líneas. Quizás la misma providencia divina permitió que, en algún momento, del teléfono mío pudieran salir los mensajes como vasijas lanzadas al mar de la libertad y que recalaran en el bendito twitter. Así los amigos del exterior tuvieron noticias de nuestra suerte. Pude además llamar a activistas que se encontraban en la misma situación que nosotros, no siempre con mucha fortuna porque los teléfonos de algunos también estaban interrumpidos. Cada noche oramos por los que habían corrido peor suerte, porque habían terminado en las frías celdas.
La cumbre de la CELAC culminó y no aportó nada nuevo al contexto cubano. Nadie mejor que mis hijas la definieron: La CELAC es mala, por culpa de ella se llevaron preso a nuestro papá. La reunión de la CELAC en La Habana ha teñido de vergüenza el paisaje político latinoamericano; su postura cómplice hacia un régimen anti democrático ya la marcó para los siglos de los siglos, amén.
El pasado sábado 25 de enero, cuando salíamos de nuestra casa en Taguayabón, mi esposo, el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo, con nuestras hijas menores de edad, Rocío, de 13 años, y Rachel de apenas 5, con el ánimo de viajar hasta la vecina ciudad de Remedios y pasar una tarde de esparcimiento en familia, fuimos interceptados por dos agentes de la Seguridad del estado vestidos de civil; ambos en una pequeña moto marca Suzuki, quienes se acercaron a mi esposo y le comunicaron que estaba detenido.
La situación se tornó muy tensa cuando, pasados unos minutos, apareció un auto patrulla perteneciente a la Policía Nacional Revolucionaria, con un policía uniformado y otro agente de civil, quienes se unieron a los dos primeros y se abalanzaron contra Mario Félix y, como si fuera un vulgar delincuente, lo esposaron y se lo llevaron a toda velocidad rumbo a Remedios, sin comunicarme cuál sería su paradero.
Nuestras hijas quedaron en shock, ambas comenzaron a llorar, la más pequeña no paraba de decir: salven a mi papá que esos hombres malos se lo llevaron. Me costó trabajo enorme calmarlas y de alguna manera que ellas pudieran entender lo que estaba sucediendo. Las niñas aman entrañablemente a su papá, lo conocen, saben que es un hombre honesto y de muy buen corazón; aquel secuestro era algo que no podían asimilar, sobre todo porque sabían que esa tarde él la había reservado para ellas.
Tragando buches amargos y sobre todo mi indignación -porque no oculto que ante todas estas arbitrariedades y despotismo me indigno profundamente-, llevé a las pequeñas hasta Remedios, caminé con ellas y resalté la figura de su padre. De algún modo mi pequeña Rachel se apropió de mis palabras y luego no paraba de decir: si esos policías vienen a buscar a mi papá aquí a la casa, yo les voy a decir que lo dejen tranquilo porque mi papá es un hombre libre. No sé si mis hijas han entendido a cabalidad ese mensaje, pero la libertad es nuestra y nosotros somos de ella, y así espero que crezcan ambas sabiendo que no hay sistema humano, ni cuerpo represivo, ni dictadura, ni dictador, ni tiranos que puedan impedirnos ser libres.
Regresamos a la casa a esperar por la suerte de Mario. No sabíamos a ciencia cierta para dónde lo habían llevado. Caibarién y Remedios quedan en la misma dirección y solo sabíamos que el auto patrulla se había dirigido hacia uno de los dos lugares. Un secuestro con todas las de la ley, terrorismo de Estado más que evidente, los ciudadanos son llevados a cualquier parte, ni siquiera los familiares saben a dónde.
Las detenciones pueden ser a cualquier hora, en cualquier sitio, ante cualquier persona, sin explicaciones, utilizando además la fuerza bruta. Qué reprimen, qué persiguen, no a los delincuentes comunes que cada vez son más, sino a los opositores políticos e ideológicos.
A las seis de la tarde de ese día, llegó mi esposo. Mis hijas corrieron hacia él y lo besaron, el alivio era evidente en sus caras. Desde ese momento, un operativo policiaco cercó nuestra casa y nuestro templo, la prohibición de salir se hizo extensiva a mi persona. Solo podíamos llevar y recoger a las niñas en sus respectivas escuelas y siempre custodiados por la policía política. Las Suzuki se parqueaban en la esquina cercana a las escuelas, visibles a nuestras hijas; era el recordatorio para ellas de que aún estaban y la manera de mantenerlas inquietas.
Como en otras ocasiones, nuestros móviles fueron bloqueados por Cubacel, la única empresa, estatal, que gestiona las líneas. Quizás la misma providencia divina permitió que, en algún momento, del teléfono mío pudieran salir los mensajes como vasijas lanzadas al mar de la libertad y que recalaran en el bendito twitter. Así los amigos del exterior tuvieron noticias de nuestra suerte. Pude además llamar a activistas que se encontraban en la misma situación que nosotros, no siempre con mucha fortuna porque los teléfonos de algunos también estaban interrumpidos. Cada noche oramos por los que habían corrido peor suerte, porque habían terminado en las frías celdas.
La cumbre de la CELAC culminó y no aportó nada nuevo al contexto cubano. Nadie mejor que mis hijas la definieron: La CELAC es mala, por culpa de ella se llevaron preso a nuestro papá. La reunión de la CELAC en La Habana ha teñido de vergüenza el paisaje político latinoamericano; su postura cómplice hacia un régimen anti democrático ya la marcó para los siglos de los siglos, amén.
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