Este Blog nace desde las arterias de la Cuba profunda, la que desconocen los turistas, la que pretenden obviar algunos gobiernos e instituciones en el mundo. La Cuba silenciada por algunos hombres, pero conocida y apreciada por Dios, y que ha comenzado a susurrar, y del susurro pasará al grito, a la protesta, a la palabra indignada. Nace en el interior de mi isla; y esta isla soy yo, eres tú, somos todos; y se aferra a todos implorando que hagamos algo por ella, con urgencia.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Las manos que construyen futuro


Por: Yoaxis Marcheco Suárez
Proliferan los pequenos negocios en Cuba
Confieso que no tenía un post para publicar hoy, pero como las letras pueden salir de cualquier esquina de la vida, estas me salieron inspiradas en algo que vi y que está sucediendo cada vez con más frecuencia en Cuba. Cuando mi esposo y yo viajamos a La Habana, debemos andar deambulando, casi siempre de corre corre, resolviendo asuntos impostergables que solo podemos ventilar en la capital y en esa única vez cada cierto tiempo que viajamos hasta ella. Aunque algunos amigos solidarios nos brindan su techo para hospedaje, nosotros evitamos cargar sobre ellos nuestra alimentación y por eso comemos cualquier cosa que aparezca, intentando tener sumo cuidado en estos días lamentables en los que el cólera ha tomado por asalto la ciudad. Así vamos transitando en los horarios habituales de almuerzo o de comida, fijándonos bien en las cada vez más numerosas cafeterías particulares, son fáciles de divisar o reconocer, se diferencian de las estatales por el buen gusto en su decoración, la higiene, la presentación de los productos y la atención a los clientes. Diría que esos pequeños establecimientos por cuenta propia pueden darle buenas lecciones de mercadotecnia a los que aún siguen bajo la tutela del Estado, estos últimos en su mayoría ofrecen una vista deplorable y el servicio se caracteriza por ser lento y de muy mala calidad.
Aunque hemos comido en muchas cafeterías privadas, porque demás está decir que ya no miramos las estatales, solo una ha logrado acaparar mi atención de manera especial y me ha dejado vislumbrar la Cuba del futuro que tanto ansío; una Cuba de prosperidad, avance y desarrollo. Ubicada en el municipio La Lisa y destacándose del resto de los puestos gastronómicos cercanos a ella por su abundante iluminación, su cristalería, su extrema higiene, sus atractivos anuncios, sumado a los modernísimos equipos que posee para la elaboración de los alimentos que ofertan _ y es diversa la gama de platos, dulces, refrescos en conserva o naturales con que cuenta su carta_; más un juvenil y dinámico equipo de trabajadores, todos con una impecable presencia luciendo su uniforme de color rojo (con logotipo en el frente del pullover y en la gorra). La cafetería «El Banquete» llega a ser para los hambrientos comensales un banquetazo de lujo.
Comer en este sitio un buen pollo asado, con abundantes vegetales frescos aliñados con especias y vinagre; unas yucas con mojo bien blanditas, las preferidas de los cubanos y el típico y sabroso arroz congrí, es algo que invita a ir una vez y a repetir pronto la visita. Los mejores ingredientes de todos son, la amable sonrisa de la dependienta y el afable trato del joven vendedor de churros rellenos con dulce de guayaba, crema de chocolate o leche condensada (al gusto del cliente). Un servicio rápido y eficiente, a la altura de quienes la visitan, haciendo ciertas las premisas de los gastronómicos: complacer al comprador; quien paga siempre gana; jamás discutiré con el usuario; y la muy conocida: el cliente siempre tiene la razón. Premisas que quedaron tapiadas en el olvido por los trabajadores estatales de la gastronomía y los servicios, desmotivados por sus bajos ingresos y los escasos recursos con que cuentan para trabajar.
Esas manos laboriosas que bien cuidan lo que es suyo y que a la vez ofertan al pueblo más que comida y un espacio para degustarla, puro arte; son las manos que construirán el futuro de esta Isla. Un futuro que necesariamente será diferente a estos más de cincuenta años de mediocridad y declinación social y económica. En esa Cuba futurista quedarán bien atrás las oscuras cafeterías estatales llenas de moscas y caras apretadas, los fúnebres uniformes en negro y blanco, y la carencia de iniciativas de mercadotecnia, gerencia y administración.
Triunfarán para el mañana los establecimientos privados y los cubanos, acostumbrados al maltrato y la desidia, veremos por fin que nuestros esfuerzos, trabajos y sacrificios cotidianos, serán retribuidos con un servicio de eficiencia y con productos de excelencia, a la altura de lo que merecemos como pueblo; y créanme que esto nos hará sentir más dignos, más importantes, más humanos. Así me sentí yo aquella noche de lujo cuando descubrí las delicias de «El Banquete».

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