Este Blog nace desde las arterias de la Cuba profunda, la que desconocen los turistas, la que pretenden obviar algunos gobiernos e instituciones en el mundo. La Cuba silenciada por algunos hombres, pero conocida y apreciada por Dios, y que ha comenzado a susurrar, y del susurro pasará al grito, a la protesta, a la palabra indignada. Nace en el interior de mi isla; y esta isla soy yo, eres tú, somos todos; y se aferra a todos implorando que hagamos algo por ella, con urgencia.

lunes, 3 de febrero de 2014

Taguayabón: Secuestran al pastor del pueblo


Tomado de Cubanet @cubanetnoticias “Nuestras hijas quedaron en shock. Comenzaron a llorar; la más pequeña pedía que salvaran a su papá de unos hombres malos”
Familia Marcheco-Lleonart
Familia Marcheco-Lleonart
TAGUAYABÓN, Cuba.- Podría escribir una simple nota informativa acerca de una detención de las tantas llevadas a cabo por los Órganos de la Seguridad del Estado en Cuba, entre los días previos a la realización en La Habana de la Cumbre de países miembros de la CELAC. Solo que en esta en particular fui testigo presencial y víctima, y además tuve que lidiar con el hecho de que mis hijas lo vieron todo.
El pasado sábado 25 de enero, cuando salíamos de nuestra casa en Taguayabón, mi esposo, el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo, con nuestras hijas menores de edad, Rocío, de 13 años, y Rachel de apenas 5, con el ánimo de viajar hasta la vecina ciudad de Remedios y pasar una tarde de esparcimiento en familia, fuimos interceptados por dos agentes de la Seguridad del estado vestidos de civil; ambos en una pequeña moto marca Suzuki, quienes se acercaron a mi esposo y le comunicaron que estaba detenido.
La situación se tornó muy tensa cuando, pasados unos minutos, apareció un auto patrulla perteneciente a la Policía Nacional Revolucionaria, con un policía uniformado y otro agente de civil, quienes se unieron a los dos primeros y se abalanzaron contra Mario Félix y, como si fuera un vulgar delincuente, lo esposaron y se lo llevaron a toda velocidad rumbo a Remedios, sin comunicarme cuál sería su paradero.
Nuestras hijas quedaron en shock, ambas comenzaron a llorar, la más pequeña no paraba de decir: salven a mi papá que esos hombres malos se lo llevaron. Me costó trabajo enorme calmarlas y de alguna manera que ellas pudieran entender lo que estaba sucediendo. Las niñas aman entrañablemente a su papá, lo conocen, saben que es un hombre honesto y de muy buen corazón; aquel secuestro era algo que no podían asimilar, sobre todo porque sabían que esa tarde él la había reservado para ellas.
Tragando buches amargos y sobre todo mi indignación  -porque no oculto que ante todas estas arbitrariedades y despotismo me indigno profundamente-, llevé a las pequeñas hasta Remedios, caminé con ellas y resalté la figura de su padre. De algún modo mi pequeña Rachel se apropió de mis palabras y luego no paraba de decir: si esos policías vienen a buscar a mi papá aquí a la casa, yo les voy a decir que lo dejen tranquilo porque mi papá es un hombre libre. No sé si mis hijas han entendido a cabalidad ese mensaje, pero la libertad es nuestra y nosotros somos de ella, y así espero que crezcan ambas sabiendo que no hay sistema humano, ni cuerpo represivo, ni dictadura, ni dictador, ni tiranos que puedan impedirnos ser libres.
Agentes de la Seguridad del Estado que secuestraron al pastor Mario Félix_cortesía de Yoaxis Marcheco
Agentes de la Seguridad del Estado que secuestraron al pastor Mario Félix
Regresamos a la casa a esperar por la suerte de Mario. No sabíamos a ciencia cierta para dónde lo habían llevado. Caibarién y Remedios quedan en la misma dirección y solo sabíamos que el auto patrulla se había dirigido hacia uno de los dos lugares. Un secuestro con  todas las de la ley, terrorismo de Estado más que evidente, los ciudadanos son llevados a cualquier parte, ni siquiera los familiares saben a dónde.
Las detenciones pueden ser a cualquier hora, en cualquier sitio, ante cualquier persona, sin explicaciones, utilizando además la fuerza bruta. Qué reprimen, qué persiguen, no a los delincuentes comunes que cada vez son más, sino a los opositores políticos e ideológicos.
A las seis de la tarde de ese día, llegó mi esposo. Mis hijas corrieron hacia él y lo besaron, el alivio era evidente en sus caras. Desde ese momento, un operativo policiaco cercó nuestra casa y nuestro templo, la prohibición de salir se hizo extensiva a mi persona. Solo podíamos llevar y recoger a las niñas en sus respectivas escuelas y siempre custodiados por la policía política. Las Suzuki se parqueaban en la esquina cercana a las escuelas, visibles a nuestras hijas; era el recordatorio para ellas de que aún estaban y la manera de mantenerlas inquietas.
Como en otras ocasiones, nuestros móviles fueron bloqueados por Cubacel, la única empresa, estatal, que gestiona las líneas. Quizás la misma providencia divina permitió que, en algún momento, del teléfono mío pudieran salir los mensajes como vasijas lanzadas al mar de la libertad y que recalaran en el bendito twitter. Así los amigos del exterior tuvieron noticias de nuestra suerte. Pude además llamar a activistas que se encontraban en la misma situación que nosotros, no siempre con mucha fortuna porque los teléfonos de algunos también estaban interrumpidos. Cada noche oramos por los que habían corrido peor suerte, porque habían terminado en las frías celdas.
La cumbre de la CELAC culminó y no aportó nada nuevo al contexto cubano. Nadie mejor que mis hijas la definieron: La CELAC es mala, por culpa de ella se llevaron preso a nuestro papá. La reunión de la CELAC en La Habana ha teñido de vergüenza el paisaje político latinoamericano; su postura cómplice hacia un régimen anti democrático ya la marcó para los siglos de los siglos, amén.